Cuando era pequeña nunca escribí a los Reyes Magos. Ellos sabían que yo era demasiado buena y que en mi casa, tenían la puerta abierta todos los días del año. Por aquel entonces, entendía a la perfección muchas de las cosas que ahora cuestiono. No me gustaba mi nombre y ahora no quiero otro.
De pequeña en mi casa no faltaban el yogur de coco y el zumo de naranja porque a mi hermana le encantaban y ahora yo, odio lo primero, casi tanto como odia mi madre los perfumes de rosas. Pero las tres juntas de camino al cole, siempre coleccionábamos amapola en primavera. Y como entonces, mi flor favorita siguen siendo las margaritas.
A los 8 años, vivía en un piso, en el 4º C. Mi padre me subía en hombros y bajaba las escaleras conmigo encima. Y cuando me quedaba dormida en el salón para estar con él, era él quien me llevaba a la cama. Al mudarme a la casa en la que estoy ahora, con 8 años entre en depresión infantil, y todas las noches sin dejar dormir a mi madre miraba al cielo y hacia sitio en la cama para que mi hermana pequeña bajara.
De pequeña nunca soñaba con principes o princesas pero siempre quise ser profesora. Mi padre siempre me decía que las niñas siempre han de ir con otras niñas. Lo que él no sabía, era la importancia que eso tendría, y que ahora le estoy haciendo más caso que nunca.
Tengo un sueño que de pequeña se repetía muchas noches. Me veía en un carrusel precioso de dos plantas, con mi hermana. Ese sueño sera el más repetido o lo que más recuerdo de toda mi infancia.
Hoy tengo un carrusel en mis manos y lo acompaño de algunos sueños cumplidos y otros por cumplir.
Desde pequeñita he querido escribir un libro.
eso no ha cambiado, me ha cambiado.
Porque sé, que algún día
lo pondré justo al lado
de mi carrusel.
Desde pequeñita he querido escribir un libro.
eso no ha cambiado, me ha cambiado.
Porque sé, que algún día
lo pondré justo al lado
de mi carrusel.

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