De pequeña me despertaba con el mínimo ruido o el mínimo movimiento, y mi madre lo sabía, por eso a mi el Ratoncito Perez solo me visitó una vez. Después pase a necesitar luz para dormir, y ahora me cuesta dormir en silencio. A partir de los seis años odiaba el mediodía, porque sobre las tres todos dormían y reinaba el silencio. Ahora, soy incapaz de hacer la siesta. Cuando era pequeña nunca escribí a los Reyes Magos. Ellos sabían que yo era demasiado buena y que en mi casa, tenían la puerta abierta todos los días del año. Por aquel entonces, entendía a la perfección muchas de las cosas que ahora cuestiono. No me gustaba mi nombre y ahora no quiero otro. De pequeña en mi casa no faltaban el yogur de coco y el zumo de naranja porque a mi hermana le encantaban y ahora yo, odio lo primero, casi tanto como odia mi madre los perfumes de rosas. Pero las tres juntas de camino al cole, siempre coleccionábamos amapola en primavera. Y como entonces, mi flor favorita siguen siendo las marga...
Hacer sentir, llorar y reír sin hablar. Poder emocionar a alguien, sin necesidad de abrazar y dejar de soñar por cumplir. [Sine ira et studio]