23:55 Oye, me rin do. Sabía que esto iba a acabar. Y acabó como acaba mi nombre. No hay nada comparable a empezar el día y que el pivón de la clase, te guiñe un ojo. Rematar la tarde con un abrazo doble de alguien especial, separado por cuatro segundos. No hay nada peor que pillar la enfermedad del beso sin haber vivido tu primer beso. Que estés a un paso -siempre- de cumplir tu sueño y de repente, se cierren ventanas y no se abran puertas o como quiera que fuera el refrán. Se acabaron las 500 noches que apuntó Sabina; la que le sumó Loreto; y las 8 que pedía yo. Sí, me rindo. Pero a mi, no me jodes más.
Hacer sentir, llorar y reír sin hablar. Poder emocionar a alguien, sin necesidad de abrazar y dejar de soñar por cumplir. [Sine ira et studio]