¡Buenos días bonita! ¿Cómo has dormido hoy?
No te preocupes, solo es una pesadilla.
Te he preparado el desayuno, doble de azúcar y poco café.
Más frío que caliente, como a ti te gusta.
¡Escucha esta canción! Me ha recordado a ti.
Es para ti, toma. Ábrelo cuando quieras.
Me apetece ver una peli, contigo. Elígela tú, a mí no me importa la trama.
Comete el ultimo trozo, no te preocupes.
Gracias cariño.
¿Te ayudo?
¿Te apetece cenar fuera?
Abrázame, anda.
¿Cómo ha ido el día?
Toma mi abrigo, no pases frío.
¿Quieres que te acompañe?
¡Avísame al llegar!
¿Te he despertado? Perdona, no quería hacer ruido, me
encanta tu sonrisa cuando duermes.
¡Ey! Acabo de pasar por aquella cafetería y me he acordado
de ti.
¿Quedamos el sábado?
Me pasaría horas enteras escuchándote hablar, me calmas.
Te echo de menos.
¿Quieres más hielo?
Te espero en casa ¡pásalo bien!
No me había fijado en lo bonitos que son tus ojos cuando
ríes.
Me encanta tu perfume.
¡Qué guapa estás, ese vestido te queda genial!
Te he hecho esta foto cuando no mirabas, espero que te
guste.
No es 14 de febrero, no es tu cumple y tampoco es nuestro
aniversario. Toma, te he traído margaritas, tus favoritas.’
Estas
son algunas de las variantes más bonitas del ‘te quiero’.
Que
te miren el móvil,
que
te quiten las llaves,
que
te lo cuestionen todo,
que
las únicas respuestas válidas sean: sí, vale, tienes razón, lo siento y me
equivoqué, no es amor.
Y
mucho menos es amor, que alguien te ahogue cortándote las alas que tu misma te
dibujaste.
La
rutina puede matar una relación, pero nunca matará al amor, ni el amor.
Cuando
se trata de golpes, físicos y psíquicos, eres tú quien debe acabar con la
relación.
Tres
palabras y once letras: no estás sola.

Comentarios
Publicar un comentario